El poder y el dinero era lo que creía que me daba valor, durante casi toda mi vida he vivido para conseguir esto y lo único que generaba eran malos sentimientos hacia mí; no sentía que había nada de auténtico, de bueno. Si yo no hago por desarrollar mis capacidades en aprender cosas que hagan la vida mejor a la gente, los demás no verán mi relación con ellos como valiosa. Hay muchas formas de tener valor, la humildad, generosidad, alegría, el humor, la inteligencia, el afecto, amor, las iniciativas, la creatividad, saber cocinar, bailar, cantar, pintar, escribir, conversar, andar, lo que sea, dedicar tiempo a formarme para mejorar en ello, aprender a compartirlo, y esperar que los demás lo valoren. Cuantas más y mejor cosas de valor aprenda, más podré aportar a los demás y más atención recibiré. Ahora veo que el verdadero valor, el que me aporta cosas buenas, es aquél que hace mejor mi vida y la de los demás. Para que me consideren como una relación positiva tengo que crearme mi propio valor, hacer y decir cosas que les gusten a ellos y a mí. Aportar algo a los demás que nos haga sentirnos mejor, más satisfechos con la vida; sentir que con mi relación nos hacemos mejores personas, más alegres, espirituales, más solidarios, comprometidos; hacer cosas de valor significa hacer cosas que no nos perjudican, que no nos hacen daño. Aprender a ser valioso, para mí, para los demás, significa una actitud ante las relaciones, algo que aportar para acercarme a la buena vida.