Son las relaciones con los demás las que me hacen sentirme bien o mal, feliz o infeliz, las que me acercan o alejan de la buena vida. Son los demás los que tienen el mayor de los poderes sobre mí, el amor; cuanto más cercana y querida sea la persona más poder de darme placer o dolor, son las personas que están en mis círculos más pequeños con las que tengo que aprender mejor a relacionarme. Derrotar mi ego, sentir que pierdo, derrotarme ante sus comportamientos, ante su forma de tratarme. Es cuando quiero imponer un trato, el que yo considero bueno, cuando me suelo encontrar con una decepción, con un sufrimiento que se lo hago pagar con mi comportamiento, entrando en una mala relación. Dejar pasar el momento, no hacerme caso, no criticar por el hecho de sentirme agredido, esperar al mejor momento para expresarme de la forma más adecuada. Lo importante es que pase lo que pase yo no haga daño, ni a mí, ni a los demás. Pero porqué hacer esto me cuesta tanto, que es lo que me lleva a un estado de impotencia ante el sufrimiento, donde mis emociones se desbocan, no controlo mis sentimientos de culpa, mis remordimientos. No esperar a mostrar mis buenos sentimientos, hacerlo a la menor ocasión, en el mismo día, tener paciencia para que llegue ese momento, buscarlo. No dejar que esos malos hábitos sigan construyendo una muralla entre nosotros, mostrarme de forma natural evitando las críticas. Derrotarme ante su poder, no hacer daño me acerca a la buena vida.