Encontrar mi sano juicio es evitar hacer daño, a mí, a los demás, sin embargo muchas de mis decisiones pueden tener consecuencias buenas o malas, son en las malas cuando me llevan a ese estado emocional que me hace sufrir, el arrepentimiento o el sentimiento de culpa, pensar que yo podría haberlo evitado. Aunque al mantenerme pasivo es más fácil evita sufrir, sentir el arrepentimiento o culpa por lo que he dicho o hecho, también podría tener más perjuicios que beneficios. Necesito ser consciente de cuáles son las decisiones que por sus consecuencias es mejor no tomarlas, actuar por omisión. Mi sano juicio me podría llevar a ser más pasivo que activo, más espectador que actor; tengo que aprender cómo aplicarlo. Son las decisiones sobre la vida de los demás las que me pueden llevar más fácilmente al arrepentimiento; en esos casos y en los que atañen a mi salud, son donde debo parar y pensar, más, no actuar de forma impulsiva. Ser más consciente de las pequeñas y grandes decisiones que tomo me ayuda a sobrellevar mejor, en el caso de que salga mal,  el arrepentimiento. Tomar conciencia de las consecuencias, valorarlas para poder usar mi sano juicio sobre la conveniencia, o no, de actuar, en base a si los beneficios que puede producir son mayores que las posibles pérdidas, incluyendo el arrepentimiento. El sano juicio me hace ser más reflexivo, me ayuda a calmar mis nervios para evitar actos impulsivos, me permite ser el creador de mi propia vida, ser más prudente en lo que atañe a la vida de los demás. Esto me acerca a la buena vida.