Antes, mi manera normal de comportarme ante los defectos de carácter de los demás era soportarlos, pensaba que lo importante era la relación, que para mantenerla tenía que acceder a sufrir sus defectos o tomaba la postura contraria, me apartaba de esa persona, la apartaba de mi vida. Creer que puedo hacer cosas para que los defectos de carácter de los demás me afecten lo menos posible, buscar la forma de seguir disfrutando de los demás sin que sus defectos me perjudiquen. Creo que en eso consiste las buenas relaciones, intentar que los demás sufran lo menos posible mis defectos de carácter, yo sufrir lo menos posible los suyos, los que a mí me afectan mal. En mis círculos más cercanos esto me cuesta más, necesito sentir que tengo una vida propia, esa a donde puedo huir, refugiarme, donde me puedo encontrar, la que me hace sentir que tengo el control de mi propia vida, donde no importa lo que los demás me digan o hagan, lo que me pase de bueno, de malo, en ella siento que todo está bien, lo importante es estar vivo, ser parte de la Naturaleza donde mi ego se hace más pequeño. En mis círculos próximos, con los que me siento menos comprometido, los más delicados, los que se rompen con más facilidad, en ellos ahora siento la fuerza para compartir los buenos momentos, saber donde, cuando sale su mejor parte, evitar las situaciones en las que hay más probabilidad de que salga su parte oscura, la que me hace daño. Ser consciente de esto me acerca a la buena vida.