Pensar a lo grande. “El grupo nunca debe financiar, respaldar o prestar su nombre a ninguna entidad allegada o empresa ajena, para evitar que los problemas de dinero, propiedad y prestigio nos desvíen de nuestro propósito primordial” Cuántas veces me voy a tener que equivocar, la ambición excesiva me hace perder el sano juicio. No es esa ambición que me motiva a mejorar, a mí y a los círculos pequeños próximos a mí, sino esa otra ambición que quiere planes a lo grande, esos donde hay muchas personas a las que ayudar, en los que intervienen otras asociaciones o empresas, donde los problemas de poder, prestigio y dinero están presentes, esa otra ambición consigue de mí justo lo contrario de lo que me había propuesto, relaciones conflictivas que me alejan de mi propósito principal, llevar el mensaje a la persona que está sufriendo. Para tener sano juicio creo que no basta lo que yo quiero, poder ayudar al mayor número de personas, tengo que hacer lo que más me conviene, cuidar de mi débil equilibrio emocional con proyectos que no tengan más expectativas que la de recuperarse sólo por hoy. Hay otra parte de la que debo tomar conciencia, aceptar mis limitaciones, hacer mi ego más pequeño a la medida de los planes, no los que quiero sino los que me convienen; la sexta tradición me enseña cómo debo actuar ante grandes proyectos donde el crecimiento aunque pueda ser de más alcance, su equilibrio es muy frágil. Esta tradición me ayuda en la búsqueda de la buena vida.