Desde que decidí preocuparme de mí comencé a ser más libre, la sensación de libertad me ha venido a través de la acción. Ha sido desde que comencé a tomar las riendas de mi vida, en dirigirla hacia lo bueno y no hacia lo que me hace daño cuando comienzo a ser libre. Ha sido cuando hago una introspección hacia mi interior, empiezo a ver las cosas que me van destruyendo y pongo mi buena voluntad para evitarlas cuando siento que soy más libre. Mi camino hacia la libertad ha sido a través de conocerme mejor, de saber qué defectos y virtudes tengo, de no avergonzarme por mis defectos pero sí avergonzarme de no hacer nada para corregirlos, tener una actitud de acción para que no me perjudiquen a mi ni a los demás. Esto no lo habría conseguido sino es que a través de la humildad he conocido la derrota total, una parte de mí muere pero nace otra que siendo la misma es diferente, que tiene hacia mí una actitud muy diferente, nada que ver con la autocompasión sino con el valor, un valor que me dispone al cambio. Esta decisión que libremente tomo es una actitud egoísta ya que en ese momento sólo importa mi vida, en el momento de la derrota total mi vida cobra protagonismo y mis decisiones no se basan en la opinión de los demás sino que son fruto de un nuevo amor propio. Después de la derrota total se produce en mí una sensación de fortaleza que me ayuda a buscar la buena vida.