He necesitado treinta años y llegar a este Paso Once para encontrarme. Mi parte más auténtica siempre ha estado reclamando mi atención y ahora se la puedo dar. Siento que he llegado a casa, ya no necesito huir más de mí, me he encontrado. Ya no necesito buscar ser otra persona para que me quieran, me basta con manifestar el amor que llevo dentro para lograrlo, para quererme, para que me quieran. Para encontrarme ha sido necesario comprender a los demás, aceptar que sus formas de comportarse, cuando me rechazan o hacen daño, son originadas porque no se encuentran bien con ellos; que como yo hacía, huyen de sí mismos para intentar encajar en la sociedad. Tratar bien a los demás es tratarme bien a mí. Poder apartarme de los demás, física o emocionalmente, por el tiempo que duran sus comportamientos dañinos, hace que después pueda disfrutar de sus momentos buenos; que son los que más manifiestan. Comienzo a sentirme parte de todos, comienza a ser más fácil dejarme fluir. Cada vez manifiesto menos los enfados, las críticas, cada vez enjuicio menos, siento que mi parte afectuosa, mi parte amorosa sale fácilmente. Creo que esto lo estoy logrando porque me encuentro mejor conmigo, porque conecto con esa parte mía, con mi ser auténtico, la que tenía cuando era un niño. El niño que en algún momento comenzó a sentir la domesticación de sus padres, a tener miedos de abandono, de rechazo, que se apartó de su ser auténtico para entrar en un camino tóxico. Encontrarme, conectar con mi niño interior me ayuda a vivir la buena vida.