Bajar a lo más hondo de mí, al interior más escondido, ese donde aparecen las personas que más quiero, para ver que son las que más daño me han hecho. Un daño que no veía cómo podía reparar porque ya no está aquí. Sentir que no he sido agradecido, que se ha llevado de mí la parte que más daño hace. Ahora que con el grupo me he metido en este camino siento agradecimiento; creo que yo solo no me hubiera atrevido. Me parece un descubrimiento que sea a través de la meditación como llegue a contactar con mi niño interior. Meditar para entrar más en contacto con lo más auténtico de mí me motiva a seguir por este camino. De guía tengo a un maestro espiritual que por su forma de mirar me transmite todo lo que predica, una vida de sufrimiento al participar en la guerra de Vietnam, activamente desde la desobediencia civil con mensajes de no violencia, de paz. Lo que más admiro en él es cómo esa experiencia le ha permitido aprender el arte de manejar el sufrimiento. Con él puedo aprender a manifestarme manteniendo unas relaciones sanas, afectivas, sin entrar en conflictos, sin enfadarme porque no se haga lo que yo quiero. Este monje budista se basa en el Dharma, un camino paralelo al Programa de Doce Pasos. Para este camino de meditación podría ir de autor en autor, aprendiendo todo lo que saben, pero creo que así me sentiría que voy de un lado para otro sin que me cale El Programa. Buscar el contacto consciente con mi niño interior me acerca a la buena vida.